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More sour than sweet

Lo que me pasa entre que salí de la universidad y que decido qué demonios hago.
 

De las cosas que aún no he hecho ( aunque no se si quiero hacerlas todas)

Monday, June 26, 2006


Aprender a patinar.
Abrocharme las zapatillas como gente normal (sigo amarrando con dos rosas).
Bailar rap (asi se le llamaba antes).
Tocar batería.
Entender poesía.
Aprender francés.
Saber jugar futbol.
Saber cuando abrazar (parece que uno pocas veces se equivoca).
Oír Pink Floyd, Genesis y Rush.
Tener un hobby caro.
Ir a las Torres del Paine y a Cohaique.
Hacer gallitos por miedo a perderlos
Perder el celular.
Enojarme todas las veces que debiera.
Tener una banda.
Despreocuparme de mis cumpleaños.
No decir "perdona por el desorden", cuando alguien conoce mi casa.
Decirle a mi abuelita que la quiero. (Tanto como quisiera).
Olvidarme del aplauso del público.
Prestar atención a las letras de las canciones que me gustan.
Poner una revista.
Pedir de vuelta mis libros, discos y películas.
Decir simplemente "No".
Leer un manual y/o un tutorial.
Contar hasta 10 antes de preguntar.
La cimarra.
Fumar un cigarro.
Salirme de una película.
Poner mis fotos en albumes.
No preguntar el nombre.
Pedir perdón en vez de permiso.
Aprenderme los nombres.
Acordarme de las caras.
Viajar sin itinerario.
No anotar en el celular los teléfonos que sé que no voy a usar.
Comer beterraga, coliflor y zapallitos italianos.
Trabajar en silencio.
Hacerme un parrón.
Tener una oficina con mis amigos.
Mojarme el potito (más).
Escribir la gran novela.
Tener el trabajo perfecto.
Almorzar con todos a los que les he dicho.
Subirme a una micro verde.
Colarme en un matrimonio.
Comprar sin arrepentirme.
Usar Comic Sans.
Encontrar zapatos de mi porte.
Hacer todas las fiestas que he prometido.
Estar conforme.

Groupie

Sunday, June 25, 2006



El jueves pasado me invitaron a ver a Los Tres. Supuestamente era una "tocata" improvisada en un restorante. Digo improvisada pues al llegar me encontré que de eso poco quedaba. Por años fueron mi banda preferida -confieso que hoy nadie ostenta ese título- pero en épocas escolares llegué a escuchar hasta un par de veces al día el primer disco, el que hasta hoy hago aparecer en mi equipo cada cierto tiempo.
El hecho que al llegar a la puerta tuvimos que recurrir a un amigo para que nos hicieran pasar, pues los siempre atentos y amorosos guardias no dejaban entrar ni las propinas. Al ingresar finalmente me encontré con la asistencia más curiosa con la que me ha tocado compartir un lugar. Muchos anteojos de patas gruesas (confieso que tambièn tengo), mucha "zapatilla urbana" (mea culpa) gente de televisión (Sergio Lagos, Felipe Binachi y etcéteras de variados medios), músicos, actores, locutores... hasta gente que fueron ayudantes en mi universidad. La primera reacción es caminar con el índice de la mano derecha extendido diciendo : "mira, ahi está....". Hasta hace un par de años coleccioné autógrafos (a fin de cuentas, solo sirven para coleccionarlos) de gente de bajo perfil. El tenerlos no era tan placentero como el pedirlos, y la cara que ponían. Así tengo de Eduardo Ravani, Vivi Kreutzberger, Mauricio Israel, Luis Jara, y destaca mi preferido: Lizardo Garrido. Esta "tocata" se prestaba para aumentar exponencialmente la colección, pero toda la gente que estaba en el lugar parecía estar acostumbrada a asistir a fiestas con los protagonistas de la revista Vea -"todo lo que a usted le interesa". Asi que había que hacerse el cul y pretender estar acostumbrado a codearse con la gente de la tele sin maquillaje, por lo que decidí postergar mis afanes coleccionistas.
Fue una muy buena noche. Alcancé a verlos buen rato, y después se transformó en fiesta. De hecho poco me importó tener que trabajar al día siguiente. Pero una noche de ese calibre no podía terminar si no era con un momento "pastel". Vi a una de las dueñas de un link que tengo en este blog (me dijeron que era ella), y de la nada le dije, "hola, yo leo tu blog, y me encanta. Escribes muy bien". Del momento en que terminé de emitir el último de esos sonidos, me vi diciendome que no podía ser tan idiota. Ella me dijo "gracias", mientras su cara era la misma de John Cusack cuando le decían que su música era buena y el contestaba "Si sé." De ahí un silencio de los que Mia Wallace (de Pulp Fiction) llamaría incómodos, y yo tratando de volver a poner cara de cul. Esas situaciones en que uno no sabe qué cara poner (me pasa también cuando me cantan "cumpleaños feliz" y pasan los primeros 8 segundos, que son los que mi sonrisa parece eso y no una mueca, y también cuando me encuentro con alguien en un semáforo, converso tres frases, y me lo vuelvo a encontrar en el semáforo siguiente). Nunca había sido groupie, y menos con "aspiraciones". Pero si uno publica o hace algo público, es de esperar que se le acerque gente a hablar precisamente de eso. Nunca me hubiera esperado un "Si sé que hago bien lo mío, ahora quiero proseguir con mi vida". Con el tiempo he aprendido que una buena conversación que pinte para dificil debe ser cmo un partido de ajedrez. Uno debe tener más o menos claro como hilarla, o mejor no hacer la jugada. Pero no... me la jugué por un jaque pastor, y no tenían ganas de jugar. Así que una noche increíble necesitaba un contrapunto para hacerla creíble. Quizás cuando tenga mi programa de algo, pueda tener más tema de conversación.

Usted... ¡No lo diga!

Tuesday, June 20, 2006



Perdiendo el tiempo en una página llegué a esa foto. Cuando uno oye a alguna persona hablando ya sea en un idioma o un acento diferente al de uno, quedan en evidencia las muletillas que se usan. En mi oficina hay un argentino que habla de "coso". Para él, "coso" es cualquier asunto. Se le puede oir diciéndo "Decile a coso que me traiga coso"... o "decime si coso no se parece a coso". Encuentra sinònimos solo cuando se ve enfrentado a las caras de interrogante que los cosos le ponemos.
De hace bastante tiempo a esta parte me fijo en el tema de como se habla.Cuando chico mi madre no me dejaba decir garabatos, y yo, el pelmazo, le hacía caso. Una vez llegué en tercero básico a mi casa diciendo que lo había pasado "la raja", y mi mamá me dijo que eso no se decía y que en vez de eso había que decir "la raya". Obviamente que cuando se me ocurrió decir en el colegio -obedientemente- que el mago del cumpleaños había estado "la raya", volaron los tomates en estado de putrefacción directamente a estrellarse con la , en esos tiempos aún existente, blonda cabellera (casi toda la gente que conozco jura haber sido rubio cuando pequeño.Yo efectivamente lo era).
Siempre enfrentado al dilema de decir o no palabrotas, en una gresca de tamañas proporciones con mi hermano mayor, solicité permiso a mi progenitora para proferirle algún vocablo soez ante la imposibilidad de imponerme por medios físicos, debido a la diferencias de envergadura. Al recibir la autorizaciòn, ya en quinto básico, me acerqué y le gritè en el oìdo "Àndate a la cresta". La risa burlona que recibì en respuesta, se compara solo a la que experimenté cuando vi a Cristián Campos diciendo "hasta cuando cresta me molesta" a Hector Noguera en "Machos"... primera comedia del canal católico que adoptó "palabrotas" al aire... después de años que el CNTV y TVN se hubieran relajado con el tema del lenguaje.
No está de más decir que de lolo, podía decir que algo "las fregó", para referirme a que algo era sobresaliente, o que había quedado "la tendalada", cuando todo se embromaba. Se que eso suena a que fuera pariente en primera línea de relación con Hermógenes Pérez de Arce.
No lo soy, y con el tiempo fui relajándome -un poco-. Pero de todas formas siempre me ha llamado la atención el uso de garabatos. Hoy en día pienso menos al decirlos, y cuando me martillo un dedo indistintamente puedo llegar a decir "Demonios","mierda","fuck", o "maldiciòn", pero no tiene relación el calibre de la palabra con la cantidad de dolor que me alivia. Todas me funcionan por igual.
Quiero que se entienda que encuentro que no hay nada mejor que un garabato bien puesto.Gritarle a alguien "ahuevonado" cuando se queda en pana de bencina, como diría Master Card, no tiene precio. El conflicto que tengo es cuando se abusa del recurso, o cuando no se le da el sentido querido. Me acuerdo del primer año de universidad, en que una compañera comentó en un recreo que se estaba echando un ramo de "puro pajera". Le dije que si eso era cierto, era mucho más información de la que realmente necesitaba. No entendió mi comentario (que yo consideraba hilarante), y me pegó una gran cachetada. Nunca comprendí la razón, si solo estaba haciéndole ver lo que decía.
Soy conciente de que ya no vivo en el siglo XIX, pero a veces me asombro como la familia "huevón" soluciona todo... Huevón, para de hueviar, y pasame esa huevada de una buena vez. Y con eso no es necesario saber más palabras. El problema comienza entonces cuando uno quiere decir cosas más exactas, o complejas. Sino, todo terminan siendo huevones que buscan huevadas...(quizás es precisamente lo que somos)
Y cuando se abusa del recurso, este pierde su peso... es como cuando uno dice "te quiero" en cada momento... o "te ves linda"Mientras más se le usa, menos peso tiene.Hay que cuidar las palabras. Si uno piensa que cada palabra que existe es un concepto que abstrae una realidad, mientras más palabras uno maneje, más ideas puede relacionar. Lo que yo entiendo por huevada, no es lo mismo que tu entiendes. Entonces si uno soluciona todo con los mismos conceptos, todo se simplifica asquerosamente.
De ahí a que en la radio, la televisión, los libros,la música, etc. se abusen de los garabatos, solo porque "asi hablamos todos" hace que se me revuelva la guata. Basta con oir "Puta jefe", de Glup!:

"chuuucha puta que hay que ser cagon pa mas remate a esta otraa la pille con el ramon

por la chucha que tengo mala cueaa, me quede sin mina y sin pega por hueoon por andar a punta e chucha limpia"


Sencillamente impactante. Me quedo sin palabras para describir la emoción que esa pieza me produce. Claramente hay en Koko Stambuk mucho talento.

Por eso me asombra que haya organizaciones que se preocupen de que se hable bien, como la de la foto del encabezado. Puede sonar todo lo anticuado que uno quiera, pero es hacer que uno se exprese y se haga entender. Y encuentro notable que ellos existan.

Aprovecho entonces de terminar este liberal post, rindiéndole un sentido y merecido homenaje a uno de mis héroes infantiles: El profesor Mario Banderas (desgraciadamente no encontré una foto de él), y sus micro programas "Usted no lo diga". De él aprendí que es "manubrio" y no "manurio", "rampa" y no "rampla", y tantas otras palabras que cuando las utilizo parezco un bicho raro sexagenario, que debe explicar que rampa es "esa huevaá que sirve pa que los hueones en sillas de rueda puedan bajar y no se queden fuera de la huevaá de edificio.

Su propina es mi sueldo

Saturday, June 10, 2006



Ha sido el último tiempo un período curioso, en el que me he percatado que por lo que se llama sueldo uno debe vender su tiempo. Si bien “todo hombre tiene su precio”, el monto en el que este transa obliga, creo yo cierto grado de compromiso. La empresa te ofrece muchas cosas: AFP, Isapre, refigerador con líquidos, internet gratis pero tu tiempo es de su propiedad.En el mes que he trabajado en este barrio de gente exitosa han pasado muchas cosas, aún cuando pienso a veces que vivo el mismo día toda la semana. Llegamos todos los nuevos en semanas de entrega. Un bautizo de sangre. En las dos primeras semanas nos tocó dos trasnochadas que no había experimentado ni en mis años universitarios. Cuando me dijeron que si estaba dispuesto a trabajar 16 horas diarias, no era un eufemismo. Ha sido un período si bien intenso, muy bueno. He aprendido toneladas. He llegado a tener vergüenza de todo lo que pregunto. Pero el ritmo es frenético. Mi jefe almuerza con un sándwich en el teclado, cuando yo le saco el jugo a los 60 minutos de los que dispongo, y llego a sentirme culpable por eso. Del paro de estudiantes me entero por la radio cuando voy al trabajo. Para qué hablar que no alcazo ni a leer los espectáculos del Mercurio y no me atrevo a ver LUN.cl en internet en la oficina. Llego a mi casa muerto, sin ganas de prender el computador.
Se da todo tipo de situaciones entre mis amigos en el trabajo. Desde el que se autodefine como chileno promedio, pues no está contento con su trabajo (tras el mismo mes de antigüedad que yo), pero dice que él solo hace su pega, y que cuando llega a las nueve de la mañana, se da media vuelta y me dice: “nos quedan 11 horas”, mi compañera de equipo que alega porque ha engordado tres kilos en un mes, a punta de los panes que nos dan para que no salgamos a almorzar y asi produzcamos más, y otros casos aún menos felices.
Por mi parte, me acuesto todos los días cansado pero contento. Siento que estoy en este momento donde quiero estar, aunque suene paradójico. Aprendiendo como mono, aún cuando el proyecto en el que estoy envuelto no me permite aportar mucho en cuanto a diseño, y personalmente lo encuentro feo, pero el hecho de sentirme útil, y que los años de estudios no fueron tan en vano como pensaba me conforta. Pero lo que más me reconforta es el hecho de que se que no me estoy jugando la vida ni el futuro en este trabajo, sino que es una experiencia por la cuál tengo que pasar, y que lo mejor es pasarla bien.
Lo curioso es que aún cuando estoy contento, renuncié ésta semana. Se debe a que mi padre cumple 60 años e invitó a todos mis hermanos y a mi a un viaje. Esa era una posibilidad cierta cuando entré, y la dejé en claro, pero siempre me dijeron que con suerte me darían permiso para una semana. Astutamente mi papá me dijo que el día que él se muera me voy a acordar más de haber viajado con toda la familia que de las noches trasnochando por una empresa que me puede echar en el minuto que algo huela mal. Si bien, es un argumento que ralla con Catherine Fullop, encuentro que no puede ser más cierto. Por eso, en vez de pedir un permiso de tres semanas cuando llevo un mes trabajando,y viajar asustadopara volver a demostrar cosas, decidí agarrar viento de cola y aprovechar de seguir viajando. Es él momento de hacerlo: estoy soltero, sigo viviendo con mi familia, y no he de pagar más que la bencina, mi cepillo de dientes y los almuerzos de 4 lucas en día de semana cuando me reveló contra los panes.
Asi que pasé toda una semana (y más tiempo también) pensando cómo demonios enfrentar esto. Sentía que yo le debía mucho a la empresa al haber hecho que pierdan tiempo instruyéndome y adiestrándome, Pero me di cuenta que era parte del paquete que compraron con mi sueldo. Son como las papas del Mc Donald's; no se necesitan pero vienen igual. Que la “lealtad” que siento, termina cada mes cuando me dan mi cheque y se renueva hasta la próxima liquidación de sueldo.
De esa manera, con el corazón en la mano fui hablando primero con mi jefe directo, luego con el gerente del proyecto y finalmente enviándole un mail al dueño de la empresa. Lo que más me costó fue titular el mail, pues no quería irme en una mala situación y no quería dar una mala impresión de las cosas. Esa actitud de hacer que las cosas suenen menos fuerte de lo que son… no es sano irse con un portazo. Por eso, no encontré nada mejor que llamarlo “Renuncia” (se que desbordo imaginación).
Todos mis compañeros nuevos me envidian, pero no se cuestionan mayormente qué hacer. Yo por mi parte siento que no hay nada que podría haber hecho mejor…. Trabajo un mes más y parto si rumbo claro por dos merecidos meses de vacaciones después de dos meses en este sacajugos.
Y a la vuelta.... bueno, ya veremos lo que sucede. lo entretenido de los viajes es que uno no tiene claro donde puede despertar al día siguiente, no?
 
   





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