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More sour than sweet

Lo que me pasa entre que salí de la universidad y que decido qué demonios hago.
 

Siempre lo mismo, pero siempre igual.

Monday, May 28, 2007


Comprobé de manera empírica que soy menos joven de lo que creía. Y con parte de la juventud he ido perdiendo tolerancia, lo que es bueno -mas me vale la autojustificación ante tanta maña-, por que se pierde menos tiempo en cosas que desagradan. Así como me di cuenta que un paso a la madurez fue descubrir y hacer propia la noción de la pesadez de la comida, y que es algo que antes no ponderaba; prefería un combo del Mac Donald's a un plato de comida, y por supuesto que las ensaladas eran para mujeres y bailarines. Hoy llevo un par de años sin que me de vergüenza tomar Coca cola Light, y en los asados de amigos, ya no es tema quien toma de una o de otra, el café lo tomo sin azucar, aprendí que el queso derretido en un sandwich puede tener nefastas consecuencias en el estado de vigilia a la hora de trabajar, que cualquier cosa con crema me da sueño, y que hay más verduras que el tomate y la palta. Aunque igual un buen sandwich de pernil con palta en marraqueta o un lomito en cualquier variedad en la Fuente Alemana es irresistible, pero si tengo que comer en un food garden prefiero gastar un billete más y comer algo que me permita mantenerme despierto y que no me haga añorar mi baño de manera tan inmediata.
Otra tema con el que me doy cuenta de que he cambiado es con la aspiración intelectual. Un domingo por la tarde prefiero cualquier película de Will Ferrell, Ben Stiler, Steve Carrell o Jack Black antes que alguna de realizadores de incipientes economías de oriente, o pertenecientes a cualquier pais que su nombre comience con "ex-república". Alguna vez decía que era al revés pero ahora no me engaño ni yo.
Pero de lo que me di cuenta el último fin de semana largo, es que me aburre la música de fiestas. No se si es porque llevo asistiendo muchos años (aún no me parecen demasiados, y sigo encontrando gente más vieja que yo, lo que me sigue aliviando), pero hoy por hoy, un tipo que sea dj, pone el mismo set de canciones una y otra vez. De hecho, no son pocas las veces que cuando uno termina la tanda, el que viene después te saluda con un "me cagaste con la canción". Es muy curioso, porque deben existir más de 50 canciones de discoteca. Sin embargo son las mismas que uno escucha noche tras noche. De hecho, hay gente a quien admiro mucho que repite las mismas canciones y las mismas mezclas. Eso me empuja más al bar que a la pista. Lo peor, es que muchas veces me veo haciendo lo mismo: comprobando viejas fórmulas. Pues claro, a la gente no le gusta bailar con musica que no conoce. Pero me pasó ese fin de semana que fue un tipo que ponía muy buena música, y lo mejor es que no era lo que suelo escuchar todos los fines de semana. Sabía rescatar canciones que a uno le daría verguenza cantar en el auto, y sin embargo, armaban un ambiente increíble. Lo oí a él y me di cuenta de que es bien fácil ser una lata. Me di cuenta que a veces hay que hacerle un buen Pato Yañez al borracho de pantalones naranjas con pinzas que te pide algo de Soda, y irse por la personal, aunque el repertorio no salga en ningún flyer anunciado. Al menos al tipo del fin de semana le dio muy buen resultado. Es parecido a lo que me pasó cuando fui a almorzar este fin de semana. En el resaurante que fui, ofrecían pocos platos pero ricos. Algunos típicos como un buen lomo a lo pobre (que no comí por pesado) y cosas más "osadas". Me llamó la atención un pescado con salsa de picorocos. La verdad es que no me atreví a probarlo. Cuando a uno le hablan de mariscos, suele asociarse de inmediato a unos pocos: camarones, machas, choritos, almejas y ostiones. Las navajuelas y los picorocos no son los que primero satan a la mente. Nunca he probado ninguno de los dos y fue por eso que ni se me pasó por la cabeza el intentarlo, por mucho que la carta dijiera "una suave salsa de picorocos", preferí jugarmela por algo conocido. No es muy distinto a lo que hacemos muchas veces cuando bailamos, no?
Por último, el motivo de queja que me quedaba es que no entiendo esta nueva corriente de gente que aprende a usar el comptador para más que el buscaminas, juega con un par de programas y hacen canciones que suenan como lo que tocaba el señor que amenizaba el supermercado los dias domingos, con organos bontempi o esos yamaha con teclas de colores y ritmos pre establecidos. Estan muy de moda, pero parece que nadie les dice que son pésimos. Parece que cualquier cosa que uno rescate de los ochenta con eso tiene el certificado de bueno. Son niñitos que parece que nacieron después de eso.. Ya no es necesario ser músico. Ni siquiera saber algo de música. Basta vestirse como Franzani o dejarse una chasquilla, aprenderse unos esquemas de baile y tener voz nasal y estamos. Todo se soluciona poniendo play. Parece que como ahora no se paga por música, estamos dispuesto a escuchar cualquier cosa. O quizás estoy viejo y soy como los papás que no entinden cómo es posible que los hijos escuchen tanta tontería... y que nada se compara a un buen disco de la Nana Moskuori.

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