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Monday, December 03, 2007
 En las últimas semanas me he dado cuenta de que no soy economicamente viable. Al menos como radioescucha objetivo. Trabajo todo el día pegado a un solarium personal de 19 pulgadas y pantalla plana en una oficina donde reina el silencio, y como el silencio me desconcentra, suelo auyentarlo con música (Silenciofóbico o ruidólico, como diría Chuck Palaniuk). Me pasa que puedo tener la misma música que ponen en la radio, pero me gusta el hecho que sea imprevisto el orden y percatarme que no soy el único que me gusta eso. De hecho, es conveniente corroborar que uno no está tan perdido con lo que oye "la gallada" sobre todo si uno suele contratado para amenizar fiestas a otras personas musicalmente. Me gusta oir radio porque me mantiene informado (aunque la gente que hable a duras penas sepa leer de corrido lo que la producción periodística del programa les haya preparado), porque me sirve para conocer grupos nuevos (cada disco "nuevo" que encuentro, suele ser del 2001 y asi tratar de llenar los cientos de gigas de capacidad de mi reproductor que siguen quedandome como poncho), y porque me gusta reirme con ciertos personajes cada vez más escasos que en vez de producirme escozor ante tanto lugar común a la hora del taco (que tristemente me suele encontrar sentado frente a un teclado más que ante un manubrio). El tema es que mi circuito radial era bastante corto y hoy no califica como circuito. En las memorias de la radio del auto alcanzaba solo para las cinco primeras, y las iba variando según la hora. Pero hoy por hoy, entre la radio Concierto que cambió su línea de programación hacia personas de APV, manteniendo un par de programas que sigo disfrutando ("Mañana será otro día" y "Concierto Enfoque"), la programación musical pareciera haber sido hecha por algún tio alolado (y lo digo penando en el hermano menor de mi papá, que de los Café del Mar puede pasar a Rick Springfield sin mayor cuestionamiento). La Rock And Pop, que me permitía saber qué eran los Pokemones, Emos, Visuals y mutaciones (no he podido ver nunca el diario de Poke-Eva, pero me he informado), decidió que los jóvenes tampoco son solventes, por lo que también ahora apunta al adulto joven (que es sinónimo de ochentas, y eso es sinónimo de "música conocida de cuando yo era chico". Ahora, "cuando era chico" puede ser un lapso de tiempo amplio y con poca memoria, pues el repertorio se asemeja la amplitud cronologica y capacidad de síntesis del maletín literario ). En el resto de las radios aún no encuentro asilo. El programa del Rumpy me saca risas, y Zabaleta también, pero me cansan. Por otro lado, las radio en internet que han llegado por boca a mi computador exceden la cantidad de onda que puedo digerir, y me marean. Como en mi oficina, mis compañeros pasan de Los Beatles a Pink Floyd y sus variaciones (confieso que nunca he prestado atención ni a estos últimos ni a la otra banda obsesivamente adictiva, que es Rush), la posibilidad de variar la música que yo porto es baja. Por ende, soy parte de un grupo de oyentes que al parecer somos tacaños y no gastamos, o somos pocos y juntos no logramos justificar una oferta variada que permita la existencia de radios distintas. Estoy obligado a oir a gente de la edad de Maria Gracia o Rafael Gumucio (que ha sido un gran descubrimiento) Por eso, si alguien tien un dato distinto a Radioenlinea o radio isla negra, hágamela llegar. No saben lo agradecido que estaré. De otra forma no me quedará otra cosa que llenar mi tiempo de oficina con trabajo. Labels: quejas

Monday, September 10, 2007
 De los bemoles que trae consigo la vida adulta, es que los dolores que eran infringidos por los médicos y dentistas, más allá de su consecuencia corporal, se manifiesta también de manera económica. Cuando uno se paga el dentista, la piensa dos veces antes de acostarse sin lavarse los dientes, por muy cansado o beodo que venga al encuentro con Morfeo. Hace un par de semanas recibí una llamada de la secretaria de la dentista a la que voy desde hace un tiempo. "Le toca su revisión semestral". Un par de meses atrás tomé isapre por mi cuenta (el mundo de los que boleteamos), y dejé de ser carga, al menos en lo que a Isapre respecta. Eso tiene uno que otro benficio que siempre se desaprovechan, como los especialistas gratis. Por un tema de oportunismo de mi dentista decidí no esforzarme demasiado, ya que me lo estaban haciendo todo fácil, y acudir a mi cita higénico-bucal concertada por su secretaria por tléfono. Mi dentista es una señora de bien mantenidos sin-cuenta. Rubia forzada y buena para hablar, habiendo desarrollado la habilidad de no necesitar interlocutores... claro, siempre están siendo torturados en la boca, por lo que las conversaciones se parecen a diálogos con el hombre elefante. Siempre me trata de tu y mientras me revisa, me pone las pechugas en la cara, lo que es bastante incómodo (más por la situación que por otra cosa). La última vez que fui se demoró 15 minutos en atenderme, me preguntó por toda la familia, me contó que venía llegando de un viaje (siempre viene llegano de un viaje) y determinó que la limpieza de rigor me la iba a haceren dos sesiones. Esa vez me salté la humillación de la pastilla roja que demuestra lo mal u uno se lava los dientes. Como pájaro nuevo, no chisté y fui a las dos sesiones y lo que es peor, pagué por dos sesiones. Sesiones que partieron con atraso y fueron amenas, pero la verdad es que mis amigos son más divertidos, y conversan más barato. Pero mal que mal, la "doctora tiene que viajar, no?" La semana pasada, tras pedir permiso en la oficina, fui a su consulta. tenía hora a las 9:00 y llegué a las 9:03. En MTV aprendí que a eso le decían "fashionbly late" o algo por el estilo. He de decir que tengo fama de demorón e impuntual, pero hago esfuerzos por abritanizarme en ese sentido. Cundo estoy atrasado me pongo medio histérico. El tema es que empiezan a pasar los minutos y ya era la segunda vez que hojeaba la revista Cosas con la sensual sesión de fotos de Ivan Zamorano con el cabello humedo en la playa de Cachagua, jurandole su amor por Kenita, cuando miré el reloj y ya eran las 9:20. Mi hora era la segunda de la mañana, y no entiendo cómo se atrasa tanto... pobre de quién tenga hora para las 12. Ya veía que iba a llegar a la hora del queso. Y si bien iba a sacar la misma vuelta que se saca con emol o lun, prefiero sacar la vuelta libremente y no obligado por alguien a quién le pago por su tiempo... El tema es que me armé de valor y llamé a la secretaria. Me dio rabia la situación en la que estaba metido y le pedí que le dijiera a la doctora que no podía quedarme cuando ya se había atrasado 20 minutos. Que tenía horarios que cumplir. Si ya esta terminando. Es que ya no me sirve. Lo llamámos para re organizar una hora? Ahí veremos. Pero de verdad pocas ganas tengo de ver con ella. En E.E.U.U, si uno llega tarde al doctor o no llega, no tan solo no te atienden sino que te cobran. Si llegas atrasado a buscar a tus hijos los colegio te cobran, y caro. Aquí no se lo que pasa si uno llega atrasado, pero me parece ilógico pagar de más por recibir mala atención... asi que decidí darle un pequeño castigo y no pagarle por media hora más de lo que gano en un día. Si quiere viajar, que mejor use sus millas y no mis horas. Labels: quejas

Monday, May 28, 2007
 Comprobé de manera empírica que soy menos joven de lo que creía. Y con parte de la juventud he ido perdiendo tolerancia, lo que es bueno -mas me vale la autojustificación ante tanta maña-, por que se pierde menos tiempo en cosas que desagradan. Así como me di cuenta que un paso a la madurez fue descubrir y hacer propia la noción de la pesadez de la comida, y que es algo que antes no ponderaba; prefería un combo del Mac Donald's a un plato de comida, y por supuesto que las ensaladas eran para mujeres y bailarines. Hoy llevo un par de años sin que me de vergüenza tomar Coca cola Light, y en los asados de amigos, ya no es tema quien toma de una o de otra, el café lo tomo sin azucar, aprendí que el queso derretido en un sandwich puede tener nefastas consecuencias en el estado de vigilia a la hora de trabajar, que cualquier cosa con crema me da sueño, y que hay más verduras que el tomate y la palta. Aunque igual un buen sandwich de pernil con palta en marraqueta o un lomito en cualquier variedad en la Fuente Alemana es irresistible, pero si tengo que comer en un food garden prefiero gastar un billete más y comer algo que me permita mantenerme despierto y que no me haga añorar mi baño de manera tan inmediata. Otra tema con el que me doy cuenta de que he cambiado es con la aspiración intelectual. Un domingo por la tarde prefiero cualquier película de Will Ferrell, Ben Stiler, Steve Carrell o Jack Black antes que alguna de realizadores de incipientes economías de oriente, o pertenecientes a cualquier pais que su nombre comience con "ex-república". Alguna vez decía que era al revés pero ahora no me engaño ni yo. Pero de lo que me di cuenta el último fin de semana largo, es que me aburre la música de fiestas. No se si es porque llevo asistiendo muchos años (aún no me parecen demasiados, y sigo encontrando gente más vieja que yo, lo que me sigue aliviando), pero hoy por hoy, un tipo que sea dj, pone el mismo set de canciones una y otra vez. De hecho, no son pocas las veces que cuando uno termina la tanda, el que viene después te saluda con un "me cagaste con la canción". Es muy curioso, porque deben existir más de 50 canciones de discoteca. Sin embargo son las mismas que uno escucha noche tras noche. De hecho, hay gente a quien admiro mucho que repite las mismas canciones y las mismas mezclas. Eso me empuja más al bar que a la pista. Lo peor, es que muchas veces me veo haciendo lo mismo: comprobando viejas fórmulas. Pues claro, a la gente no le gusta bailar con musica que no conoce. Pero me pasó ese fin de semana que fue un tipo que ponía muy buena música, y lo mejor es que no era lo que suelo escuchar todos los fines de semana. Sabía rescatar canciones que a uno le daría verguenza cantar en el auto, y sin embargo, armaban un ambiente increíble. Lo oí a él y me di cuenta de que es bien fácil ser una lata. Me di cuenta que a veces hay que hacerle un buen Pato Yañez al borracho de pantalones naranjas con pinzas que te pide algo de Soda, y irse por la personal, aunque el repertorio no salga en ningún flyer anunciado. Al menos al tipo del fin de semana le dio muy buen resultado. Es parecido a lo que me pasó cuando fui a almorzar este fin de semana. En el resaurante que fui, ofrecían pocos platos pero ricos. Algunos típicos como un buen lomo a lo pobre (que no comí por pesado) y cosas más "osadas". Me llamó la atención un pescado con salsa de picorocos. La verdad es que no me atreví a probarlo. Cuando a uno le hablan de mariscos, suele asociarse de inmediato a unos pocos: camarones, machas, choritos, almejas y ostiones. Las navajuelas y los picorocos no son los que primero satan a la mente. Nunca he probado ninguno de los dos y fue por eso que ni se me pasó por la cabeza el intentarlo, por mucho que la carta dijiera "una suave salsa de picorocos", preferí jugarmela por algo conocido. No es muy distinto a lo que hacemos muchas veces cuando bailamos, no? Por último, el motivo de queja que me quedaba es que no entiendo esta nueva corriente de gente que aprende a usar el comptador para más que el buscaminas, juega con un par de programas y hacen canciones que suenan como lo que tocaba el señor que amenizaba el supermercado los dias domingos, con organos bontempi o esos yamaha con teclas de colores y ritmos pre establecidos. Estan muy de moda, pero parece que nadie les dice que son pésimos. Parece que cualquier cosa que uno rescate de los ochenta con eso tiene el certificado de bueno. Son niñitos que parece que nacieron después de eso.. Ya no es necesario ser músico. Ni siquiera saber algo de música. Basta vestirse como Franzani o dejarse una chasquilla, aprenderse unos esquemas de baile y tener voz nasal y estamos. Todo se soluciona poniendo play. Parece que como ahora no se paga por música, estamos dispuesto a escuchar cualquier cosa. O quizás estoy viejo y soy como los papás que no entinden cómo es posible que los hijos escuchen tanta tontería... y que nada se compara a un buen disco de la Nana Moskuori. Labels: quejas

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